He de reconocer que soy un fanático de las ideas sobre catástrofes porque en la mayoría de ocasiones son pamplinas y es una idea que atemoriza a mucha gente, propagándose con pasmosa velocidad.
En mi vida recuerdo, al menos dos fines del mundo anunciados con antelación, sin embargo estos tenían una base profética. El que tocaba ayer era distinto: la ciencia era la fuente del miedo y esa, que duda cabe, es una fuente de miedo mayor. Aunque había leído un artículo en la revista Science sobre esto que aseguraba que las ideas catastrofista sobre el encendido del LHC (el Gran Colisionador de Hadrones) eran científicamente infundades, no podía dejar escapar esto.
Aprovechando el contecimiento, orgenicemos una fiestecilla en el piso de un amigo porque sería la única fiesta en la que nadie tendría resaca al día siguiente, así que había que aprovechar. Pero cuando uno está allí puesto, y la gente recuerda tanto ese evento, uno no deja de impregnarse de ese tufillo de excepcionalidad que brota en el ambiente.
Fue algo especial: me gustó la unión de sentimientos tan contrapuestos en tanta gente.
Al final ocurrió lo que tenía que ocurrir y despertarse temprano, a penas sin dormir, un miercoles es algo muy duro. A pesar de todo, me quedé con ganas de repetirlo, así que habrá que esperar a la próxima vez que vayamos a morir todos.
Dejo aquí una viñeta relacionada con esto. Un saludo.

–Entonces, el LHC será encendido. Este podría ser nuestra última noche en la tierra.
–Gimmie, un momento. No han chocado aún, y eso no hará nada que nos rayos cósmicos no tengan.
–Hey, yo no digo que no. Yo soy un estudiante de postgrado en física. Y necesito una excusa para hacer una fiesta.
–Entonces, ¿te gustaría estar una noche con un extraño encantador?
–Depende. ¿Arriba o abajo?
–Hey, no te he comprando una copa.
–Camarero, dos whiskis ahora mismo.
Fuente viñeta: xkcd











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